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sábado, septiembre 5, 2026
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Etiquetas como ‘narcisista’ o ‘manipulador’ ganan terreno en las relaciones personales

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Él El 43% de los adultos ha utilizado etiquetas psicológicas contradictorias para definirse a sí mismos y a su pareja o exparejauna práctica que puede simplificar conflictos y atribuir motivaciones sin evaluación profesional.

Palabras como “narcisista”, “manipulador”, “empático”, “complaciente” o términos relacionados con estilos de apego han abandonado el campo especializado para instalarse en conversaciones, redes sociales y conflictos cotidianos.

Una encuesta de ClarityCheck a 6.800 adultos en Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina encontró que el 43% había utilizado una etiqueta psicológica para describirse a sí mismos y otra para definir a su pareja o expareja.

Entre las combinaciones frecuentes se encuentran “empático” versus “narcisista”, “complaciente” versus “manipulador” y “apego ansioso” versus “apego evitativo”.

El fenómeno no se limita a las relaciones de pareja. El 61% de los participantes había utilizado lenguaje psicológico o relacionado con la terapia para describir a un amigo, familiar, compañero de trabajo u otro conocido.

Al mismo tiempo, el 54% dijo que se reconocía a sí mismo en un hashtag que se encontraba en videos cortos, podcasts, publicaciones en redes sociales, libros, artículos o conversaciones con otras personas.

Psicología en redes

La popularización de estos conceptos tiene un lado útil. Los términos relacionados con ciertos patrones de comportamiento pueden proporcionar a las personas un vocabulario para expresar experiencias que antes les resultaban difíciles de explicar.

El lenguaje psicológico también puede ayudar a reconocer conductas como la coerción, el abuso emocional o la manipulación prolongada.

El problema surge cuando una etiqueta deja de usarse para describir una conducta y comienza a funcionar como una explicación definitiva de la personalidad, motivaciones e intenciones de otra persona.

La encuesta encontró una diferencia en la forma en que se aplicaban estos conceptos: las personas tendían a utilizar para sí mismos términos asociados a la sensibilidad, la vulnerabilidad o la adaptación, mientras que atribuían a sus parejas o familiares etiquetas relacionadas con el egoísmo, la peligrosidad o los defectos de carácter.

Un hecho es especialmente significativo: el El 46% había llamado a otra persona “narcisista”, “manipuladora”, “psicópata” o había utilizado otro término con resonancia clínica sin saber si existía un diagnóstico profesional..

La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es, decir que una persona mintió describe un comportamiento concreto; Llamarla manipuladora puede convertirse en una interpretación de su personalidad y motivaciones.

Conflictos y etiquetas

Las redes sociales pueden reforzar estas interpretaciones. El 31% de los encuestados había compartido una carretefragmento de podcast, publicación o artículo para demostrar que ellos o alguien que conocían encajan en una determinada categoría psicológica.

Dicho contenido puede ayudar a identificar comportamientos o iniciar conversaciones, pero reconocer algunos rasgos en un video no equivale a una evaluación completa de una persona.

El efecto también aparece durante las discusiones. Entre los que utilizaron lenguaje psicológico en un conflicto, el 42% dijo que hacerlo reforzaba su creencia de que la otra persona era la principal responsable.

Incluso admitir los propios errores no necesariamente eliminaba esas etiquetas. El 34% siguió utilizándolos para definir a otra persona tras reconocer que durante el mismo conflicto había mentido, insultado, tomado represalias o actuado injustamente.

Esto no significa que deban minimizarse las conductas dañinas. Ante la violencia, intimidación, coacción o abuso, identificar lo que está sucediendo es fundamental y no requiere asignar un diagnóstico psicológico a la persona que lleva a cabo estas conductas.

La creciente difusión de contenidos sobre salud mental ha acercado conceptos psicológicos a millones de personas y puede contribuir a comprender ciertos patrones. El riesgo surge cuando términos complejos se convierten en diagnósticos improvisados ​​o explicaciones absolutas de quién es el otro.

En este escenario, una distinción es fundamental: No es lo mismo utilizar el lenguaje psicológico para describir conductas que utilizarlo para diagnosticar o definir completamente a una persona..

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