Por Tony Pérez
En los años 70 y 80 del siglo XX, la provincia Pedernales Era cultural y deportivamente vibrante, limpio, saludable, sereno, ordenado, sin arrabales, con acentuada solidaridad y respeto por los demás, especialmente por los mayores, y una juventud proactiva. Era un pueblo humilde, aunque sin la pobreza que dominaba a sus pares de la región.
Pero un día amaneció sin esa ropa. Fueron arrancados de raíz por un golpe de indiferencia. Los verdugos abrieron las compuertas a la construcción de la ignorancia y el conformismo junto al libertinaje.
Por comisión o inercia, fueron culpables: el Gobierno, los políticos que promovieron la mendicidad, y las iglesias, al enclaustrarse en sus templos sólo para orar; organizaciones sociales y otras voces con potencial de influencia, que huyeron de los riesgos de la crítica para optar por el elogio del poder o el silencio cómplice.
Fronteras con el miserable pueblo haitiano Anse -a- PitreEsta comunidad del suroeste ha tenido una academia de música y músicos de alta calidad desde mediados de los años cincuenta. Tenía dos orquestas…
La gente del pueblo estaba orgullosa de sus clubes culturales, ligas de béisbol juvenil y amateur, ligas menores, softbol, baloncesto y voleibol. Desde sus prácticas de karate e incluso boxeo y lucha libre. Desde sus dos salas de cine con películas exclusivas, incluida una sesión matinal…
Desde su hermosa y limpia playa local, con su Carey típicosin “teteos”, ni peleas. Bares y discotecas decentes. Biblioteca. Secundaria combativa. La Iglesia liderando procesos sociales. Torneos deportivos. Un parque céntrico, arbolado, con un singular mirador y pecera, y sus retiros dominicales.
Ahora suenan las campanas. Hemos asistido al funeral de esa sociedad y la añoranza embarga a quienes la vivieron. El pueblo es diferente.
Ahora vivimos (o sufrimos) la época del caos y el desapego. La región parece una manada de personas que se mueven sin ton ni son, ajenas a que mañana será oscuro, si no se asustan y salen de su frío existencial. Don dinero gana protagonismo. Es más importante exprimir posesiones lujosas en la cara de los demás, independientemente de su dudoso origen.
los campos deportivos parecen pocilgas. No hay vivienda para los pobres, a pesar del déficit de vivienda del 60%; ni acueducto eficiente, ni alcantarillado pluvial y sanitario, ni planta para disposición de residuos sólidos, ni centro cultural. La academia y la banda de música languidecen por falta de instrumentos. La superpoblada prisión existe en el centro del municipio, en un almacén que sobrevivió de la fortaleza construida en 1934 por el régimen de Trujillo.
Pedernales vive un presente muy complejo. Un proyecto turístico está en marcha en Cabo Rojo. El Gobierno proclama que será ejemplar, sostenible, sin los fallos originales de los viejos polos. Pero no elimina la carga del burro, por lo que no terminamos con una “ciudad de lujo versus ciudad de sufrimiento (Cabo Rojo versus Pedernales)”. Mientras tanto, todo se ha encarecido, todo es turismo.


