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lunes, agosto 31, 2026
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Un partido se conoce caminándolo

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Conoces un juego al caminarlo

Por Deligne Ascención Burgos

Estos días he vuelto a recorrer comunidades, municipios y provincias para reunirme con compañeros de nuestro partido. Algunos han desempeñado importantes responsabilidades; otros nunca han ocupado cargos públicos. Pero todos conocen el territorio porque viven en él, trabajan en él y acompañan desde hace años las aspiraciones de su gente.

En cada encuentro se repite una escena llena de vida: llegan muchas personas, se saludan con cariño y participan en conversaciones que poco a poco van derivando en los temas que realmente importan. Hablan de avances, inquietudes, lo que ha funcionado y lo que requiere atención. Cada intercambio nos permite comprender mejor las realidades, expectativas y propuestas de quienes mantienen vivo el trabajo partidario en sus comunidades.

Aprendes mucho cuando dejas de lado el discurso preparado y simplemente escuchas.

La política dominicana se construyó durante años de esta manera: recorriendo pueblos, reuniéndose en casas de familias y conversando en pequeños establecimientos con dirigentes que conocían a cada vecino por su nombre. Antes de las redes sociales, las mediciones permanentes y la comunicación instantánea, el territorio era la fuente más directa para comprender el estado de ánimo de la sociedad.

Esa enseñanza sigue siendo plenamente válida.

Un partido puede tener organizaciones, estatutos, listas y autoridades legítimamente elegidas. Sin embargo, para conocer su verdadera realidad tiene que llegar hasta donde están quienes la apoyan a diario.

Las bases no son una expresión abstracta. Tienen nombres, familias, historias y años de trabajo acumulado. Son compañeros que organizaban reuniones cuando pocos asistían, defendían nuestras ideas en tiempos difíciles y permanecían presentes tanto en las derrotas como en las victorias. Su relación con el partido no empezó con su llegada al Gobierno y tampoco puede medirse únicamente por un cargo.

Escucharlos no significa prometer una respuesta inmediata a cada pregunta. Tampoco significa que toda opinión deba convertirse automáticamente en una decisión. Significa garantizar que ninguna preocupación legítima pase desapercibida para los responsables de guiar nuestra organización.

A veces la distancia comienza con un llamado que no fue atendido, una explicación que nunca llegó o la sensación de que ya no hay espacio para hablar con franqueza. Cuando estas pequeñas señales se acumulan, pueden convertirse en silencios difíciles de interpretar desde la capital.

Por eso estas reuniones tienen valor. No son escenarios para pronunciar discursos ni ofrecer soluciones improvisadas. Son espacios para escuchar, entender las particularidades de cada provincia y llevar esa realidad a las instancias correspondientes del partido.

Recorrer el país no debe ser una actividad reservada a periodos electorales. Debe ser parte del día a día de una organización que quiere estar cerca de su gente.

Porque los partidos están organizados en sus estructuras, pero su pulso se siente en el territorio. Y para conocerlo verdaderamente hay que sentarse, mirarlo a los ojos, escuchar con humildad y seguir caminando.

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