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miércoles, agosto 19, 2026
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Del momento unipolar al nuevo orden mundial

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El 1 de enero de 1990, Carlos Krauthammer Publicó un artículo en la revista Foreign Affairs titulado The Unipolar Moment, que constituyó uno de los textos más influyentes del pensamiento estratégico posterior a la Guerra Fría. Su tesis central era que el colapso de la Unión Soviética no conduciría inmediatamente a un mundo multipolar, como muchos vaticinaban, sino a un momento unipolar: una etapa en la que Estados Unidos sería la única superpotencia con capacidad de proyectar poder militar, económico, tecnológico y político en cualquier región del planeta.

Lo expresó claramente: “El mundo inmediatamente después de la Guerra fría No es multipolar, sino unipolar. El centro del poder mundial es la superpotencia indiscutible, Estados Unidos, con el apoyo de sus aliados occidentales”.

Treinta y seis años después, en 2026, ese optimismo unipolar ha sido reemplazado por un escenario de fragmentación, rivalidad chino-estadounidense y reordenamiento de los bloques económicos y militares.

En 1990, EE.UU Surgió como la superpotencia global bajo la promesa del llamado “fin de la historia” liberal. La economía estadounidense era el centro casi exclusivo del sistema mundial. Estados Unidos no tenía rival. Era la potencia económica, militar y tecnológica dominante. El unión soviética estaba en proceso de desintegración; China era la undécima economía del mundo y apenas representaba el 1,76% del PIB global; Rusia atravesaba una profunda crisis; Europa dependía de Estados Unidos para su seguridad y Japón, que era la segunda economía del mundo y representaba el 14% del PIB global, era un gigante económico, aunque sin un poder militar equivalente.

Impulsada por Estados Unidos, la década de 1990 estableció la globalización económica como paradigma dominante, simbolizada por la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, que institucionalizó la liberalización del comercio multilateral. Se promovieron acuerdos de libre comercio, apertura financiera, privatizaciones, respeto a las reglas del juego y democracia liberal.

hoy el panorama es muy diferente. China se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo en dólares corrientes (la primera en paridad de poder adquisitivo) y líder en manufactura, comercio, infraestructura y varias tecnologías estratégicas. Es el principal socio comercial de más de 120 países, desplazando a Estados Unidos y la Unión Europea en amplias regiones de África, Asia Central y América Latina.

La producción se trasladó a Asia, región que concentra la mayor parte del crecimiento económico mundial. Rusia, aunque económicamente limitada, ha recuperado capacidad militar y voluntad de desafiar el orden occidental. India emerge como una gran potencia demográfica, tecnológica y geopolítica. Brasil, Rusia, India y China crearon el BRIC en 2006, que luego se convirtió en BRICS con la incorporación de Sudáfrica. Su objetivo inicial era desafiar el dominio económico, financiero y político de las potencias occidentales, representadas por el G7 y lideradas por Estados Unidos.

Hoy los BRICS, ampliados con nuevos miembros, superan el 40% del PIB mundial medido en paridad de poder adquisitivo, mientras que el G7 representa menos del 29%, según el Fondo Monetario Internacional.

Estamos en un mundo muy diferente al de 1990. El resultado ya no es la unipolaridad, sino una competencia estructural entre varias grandes potencias.

En el contexto de estos cambios observamos el debilitamiento del respeto por las reglas que gobernaron el comercio internacional durante décadas, el retorno del proteccionismo, la política industrial, los subsidios, el nacionalismo económico y la competencia tecnológica. Estados Unidos, que hace treinta años criticó estas políticas, hoy las aplica.

Krauthammer tenía razón en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, tenía razón en que el mundo posterior a la Guerra Fría no sería inmediatamente multipolar. Durante casi tres décadas, Estados Unidos ejerció una primacía sin precedentes. En segundo lugar, también anticipó que esta situación no sería permanente. El mismo título de su ensayo hablaba de un “momento” unipolar, no de un orden eterno.

Sin embargo, visto desde 2026, Krauthammer no previó tres procesos históricos: primero, el extraordinario ascenso económico y tecnológico de China, que pasó de ser una economía periférica a convertirse en el principal competidor estratégico de Estados Unidos; En segundo lugar, la resiliencia de Rusia, que, a pesar de su debilidad económica tras la desaparición del unión soviéticarecuperó la capacidad de desafiar militarmente a Occidente; y tercero, la transformación de la globalización en un instrumento de rivalidad geopolítica, donde las cadenas de suministro, la tecnología, la energía y las finanzas dejaron de ser simples mecanismos económicos para convertirse en herramientas de poder.

Retrato

Juan Temístocles Montás

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