Su casi 400 artículos con muchas llenando vacíos de especificidades penales y otras que superan obsolescencias incapacitantes para estos tiempos, por razones estratégicas restan importancia a lo que falta en el flamante Código que en el corto plazo permitirá perseguir el delito con precisiones que no son posibles con el anterior vigente desde 1884.
La cuenta regresiva que va hacia el fortalecimiento jurídico del Estado como protector del ciudadano y sus intereses debe permanecer inalterada ante la certeza de que el vacío regulatorio del proyecto en aplicación suspendido por el mecanismo legal “vacatio legis” para socializar su contenido está realmente en proceso de ser llenado antes de que expire la transición el 3 de agosto.
Específicamente: el Asesoría Jurídica del Poder Ejecutivo rendirá el esperado informe de la comisión que se centró en diferentes objeciones al texto original, en el que se prevé que estarán formalmente listas las respuestas a supuestas ambigüedades, contradicciones y otros detalles considerados insatisfactorios. Además, queda abierta la opción institucional de ampliar el alcance de esta ley de categoría orgánica a través de algún proyecto complementario al que inevitablemente debe entrar en vigencia en el corto plazo.
La citada figura jurídica, vacatio legis, que permite a entidades privadas e instituciones de la vida civil conocer la existencia de cualquier nueva ley antes de exigir su cumplimiento, ha dado sus frutos en este caso particular, lo que contrasta con el otro procedimiento oficial que impuso actualizaciones al sistema tributario de una vez que, si bien contaron con el consentimiento de un sector de la nación, dejaron a otro sector numéricamente mayor sin la oportunidad de hacer saber que la nueva legislación contiene peligros para el tejido social y productivo del país.
Mientras tanto, en su forma actual y bastante consensuada, el Código que sale del horno al sistema penal dominicano ya contiene tipos penales considerados fundamentales para castigar los delitos modernos que azotan a la población y que no deben seguir congelados. “El tiempo de espera ha terminado”, dijo una vez rotundamente una conocida figura política vernácula con las iniciales JB.



