Aunque no existe una serie pública continua de precios minoristas Para los diferentes tipos de carnes y cereales entre 2020 y 2025, es posible construir una aproximación robusta a partir de los precios observados y las variaciones acumuladas reportadas por el Banco Central y otras instituciones especializadas.
De estas estimaciones se puede establecer que durante el período indicado el precio de la carne fresca de pollo aumentó entre 40% y 55%; cerdo entre 45% y 65%; y carne vacuna entre 40% y 55%. Respecto a los cereales, el precio del maíz registró incrementos de entre el 50% y el 70%, mientras que la harina de trigo experimentó incrementos de entre el 45% y el 60%.
Estas variaciones son consistentes con la evolución de los mercados internacionales de alimentos. Ya en enero de 2021, las autoridades dominicanas advirtieron que entre junio y diciembre del año anterior los precios internacionales del maíz habían aumentado un 33,3%, los del trigo un 21,3% y los de la soja un 39,3%.
Posteriormente, las perturbaciones provocadas por la guerra en Ucrania y las tensiones en los mercados agrícolas mundiales profundizaron aún más estas presiones inflacionarias.
Cabe señalar que entre 2020 y 2025 la inflación acumulada en República Dominicana rondaba el 30%. Esto significa que los precios de los alimentos antes mencionados crecieron significativamente más que los precios promedio generales de la economía.
En conjunto, las importaciones de estos alimentos registraron una expansión extraordinaria. Entre 2020 y 2025, las importaciones de carne aumentaron de 204 a 673 millones de dólares, mientras que las importaciones de cereales aumentaron de 423 a 666 millones de dólares.
Normalmente, un aumento tan significativo de las importaciones debería ayudar a moderar los precios internos mediante una mayor disponibilidad de productos en el mercado. Pero sucedió exactamente lo contrario: las importaciones crecieron rápidamente y, simultáneamente, los precios de los alimentos siguieron aumentando.
Este comportamiento sugiere que el fenómeno inflacionario no puede explicarse por un exceso de demanda. Más bien, parece reflejar una combinación de factores estructurales: la dependencia de insumos importados, el aumento de los precios internacionales de los cereales, el aumento de los costos de producción ganadera y el crecimiento insuficiente de la oferta nacional para responder al aumento de la demanda.
Precisamente ahí radica la explicación de por qué el aumento masivo de las importaciones de carne y cereales no se tradujo en una reducción de los precios ni en una contención efectiva de los mismos. Lo que se observa es una agricultura y ganadería cada vez más dependientes de insumos cuyos precios se determinan fuera de nuestras fronteras.
En este contexto, resulta pertinente reflexionar sobre la reiterada afirmación que produce la República Dominicana entre 80% y 85% de los alimentos que consumes.
Si bien esa afirmación puede ser técnicamente correcta según ciertos criterios de medición, debe considerarse con cautela. Los datos sobre importaciones revelan una realidad mucho más compleja: el país produce una parte importante de los alimentos que consume, pero depende cada vez más del exterior para sostener esa producción.
Detrás de medio kilo de pollo, medio kilo de carne de cerdo o una docena de huevos producidos localmente se esconde una larga cadena de insumos importados: maíz, soja, trigo, fertilizantes, combustibles, medicamentos veterinarios, equipos y tecnologías. Por tanto, la autosuficiencia aparente es una cosa y otraverdadera seguridad alimentaria.
La creciente dependencia de estos insumos implica que cualquier perturbación en los mercados internacionales puede afectar directamente los costos de producción y, en consecuencia, los precios que pagan los consumidores dominicanos.
Por lo tanto, aunque una proporción importante de los alimentos se produce localmente, la seguridad alimentaria nacional es considerablemente más vulnerable de lo que sugieren las cifras oficiales de autosuficiencia.
La principal conclusión es clara: hoy la República Dominicana depende más de la mercados internacionales alimentar a su población que hace cinco años. El país sigue produciendo una parte importante de sus alimentos, pero cada vez necesita importar más insumos para hacerlo.
En resumen, el debate no debería centrarse sólo en cuánto produce el país, sino en cuánto depende del exterior para producirlo. Ahí radica la diferencia entre la autosuficiencia aparente y la seguridad alimentaria verdaderamente sostenible.



