Hablar de hipertensión arterial es hablar de uno de los problemas de salud más frecuentes y, a la vez, más subestimados.
Para muchos, es sólo un número que aparece en el tensiómetro durante la cita con el médico. Sin embargo, el control de la presión arterial va mucho más allá de “fijar una cifra”: implica proteger órganos esenciales y preservar la calidad y la esperanza de vida.
Luis Martín, cardiólogo interno de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y Congresos Médicos y Telemedicina (CEDIMAT), explica que la presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias.
Depende de cuánta sangre bombea el corazón y de cuán rígidas o relajadas estén las arterias. Por ese motivo, no es un valor fijo. Puede variar a lo largo del día en función del estrés, el ejercicio, el descanso, la ingesta de cafeína, el dolor o las emociones. Estas ligeras variaciones pueden ser normales. El problema surge cuando las cifras se mantienen altas repetidamente.
La realidad es que la hipertensión suele permanecer silenciosa durante años. Muchas personas se acostumbran a vivir con cifras elevadas sin mostrar síntomas evidentes, mientras el daño avanza lentamente. Por eso se le conoce como un “enemigo silencioso”.
Conocer tus números, incluso cuando te sientes bien, es una forma de escuchar a tu cuerpo antes de que aparezcan las consecuencias. Cuando la presión arterial permanece alta con el tiempo, las arterias trabajan bajo tensión constante. Esto favorece su endurecimiento y estrechamiento, dificultando el paso de la sangre. El impacto de este proceso se extiende a múltiples órganos.
en los organos
En el corazón, por ejemplo, obliga al músculo a trabajar contra una mayor resistencia. En respuesta, el corazón puede espesarse, agrandarse y perder eficiencia, aumentando el riesgo de arritmias como fibrilación auricular, angina, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca. En el cerebro, la hipertensión daña los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de sufrir un derrame cerebral.
No sólo grandes “ictus”, sino también pequeños infartos silenciosos que, con el tiempo, afectan a la memoria, la atención y otras funciones cognitivas.
En los riñones, los vasos que filtran la sangre pueden dañarse progresivamente, provocando pérdida de proteínas en la orina y deterioro de la función renal, que en estadios avanzados puede derivar en una enfermedad renal crónica. Los ojos tampoco escapan a este daño.
La retina, rica en vasos pequeños y delicados, puede verse afectada por la alta presión, provocando visión borrosa y, en casos graves, pérdida visual.
A nivel general, la hipertensión favorece la aterosclerosis y la rigidez arterial, comprometiendo la circulación en diferentes partes del cuerpo.
las buenas noticias
En este contexto, la buena noticia es que es posible controlar la hipertensión y prevenir o retrasar sus complicaciones. El primer paso es el diagnóstico oportuno, seguido de un manejo integral que incluye cambios en el estilo de vida y, cuando sea necesario, tratamiento farmacológico.
consulta medica
La consulta médica periódica permite ajustar estrategias y evitar que el daño progrese. La comida juega un papel central. Reducir el consumo de sal, optar por alimentos frescos, frutas, verduras y preparados bajos en sodio ayuda a mantener cifras más saludables. La actividad física regular es otro pilar fundamental.
Las recomendaciones internacionales sugieren al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada por semana. Esto se puede conseguir caminando 30 minutos diarios, cinco veces por semana, o adaptándonos a la realidad de cada persona.
Una simple referencia es que durante el ejercicio puede resultar un poco complicado mantener una conversación normal debido a la respiración. Mantener un peso saludable, evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol y cuidar la calidad del sueño también son factores clave.
En algunos casos estos cambios no son suficientes y se requieren medicamentos, siempre indicados y ajustados por el médico según el perfil de cada paciente.
los numeros
Para la población general, se considera óptimo un valor en torno a 120/70 mmHg o menos. Hablamos de hipertensión cuando las cifras alcanzan o superan repetidamente los 140/90 mmHg. Y este punto merece énfasis: vivir “siempre” a 140/90 o más no es normal, incluso si no hay síntomas. Esta situación amerita evaluación y tratamiento.
Los objetivos de control pueden variar según la persona. Los pacientes con diabetes, enfermedades cardiovasculares, antecedentes de accidente cerebrovascular o enfermedad renal crónica pueden requerir objetivos más estrictos. Por tanto, el abordaje debe ser siempre individualizado, valorando el riesgo cardiovascular global.
Cifras estimadas
—Complicaciones
En República Dominicana, se estima que alrededor del 32% de la población desconoce que padece hipertensión, y que sólo el 60% de los diagnosticados reciben tratamiento de manera constante: muchos viven con cifras elevadas sin saberlo, exponiéndose a complicaciones prevenibles.
No es sólo un número en una hoja de papel
La presión arterial alta no es sólo un número en una hoja de papel; Es una condición que, bien gestionada, permite vivir más y mejor. La invitación es clara y sencilla: conoce tus números incluso cuando te sientas bien, no normalices cifras elevadas, controla los factores de riesgo y acude periódicamente al médico.


