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domingo, agosto 16, 2026
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El pensamiento dicotómico

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Uno de los rasgos distintivos del fundamentalismo como ideología, ya sea en política, religión, cultura o identidades sociales (y personales), es el llamado pensamiento dicotómico. Típico de mentalidades infantiles que consideran que sólo existe una posición verdadera ante cualquier asunto, la mía y todas las demás están equivocadas.

Sólo una cosa es buena; el resto es malo. Sólo hay una verdad; todo lo demás es mentira. Hay una manera correcta de hacer las cosas; el resto es incorrecto. Sin duda, el ego juega un papel esencial en esta forma de pensar, pero suele esconderse tras el velo de fórmulas como “tradición”, “Siempre se ha hecho así” “antes era mejor”, “fuera de aquí no hay salvación” o “volver a hacer algo grande”. No es casualidad que lo dicotómico sea muy propio de mentalidades seniles o de jóvenes estúpidos.

Frente a una realidad diversa, a una vida múltiple y rica en matices, el fundamentalismo “ve” degeneración, destrucción de la civilización, contaminación de otros que llegan, tsesgo hacia la verdad, chauvinismo contra el multiculturalismo, entre otras expresiones quejosas. Sólo la ortodoxia es válida; heterodoxia, despreciable. Si el ego mal asumido es la raíz de esta patología, el miedo es el impulso.

La estructura es: sé (o estoy en) lo que es verdad y temo que otros me contaminen de error. Para los dicotómicos, el autoritarismo es la forma ideal; La democracia, la tolerancia, el diálogo, la curiosidad y la diversidad son deformidades.

Los extremos políticos, izquierda y derecha, son dicotómicos. Los ortodoxos de las distintas confesiones religiosas son fundamentalistas por las mismas razones.

Los autócratas, surgidos de votos o botas, son sociópatas, indiferentes al valor de la dignidad humana, fruto de la misma anomalía. Los amasadores de riquezas colosales y los directores de grandes corporaciones confunden sus egos con sus estados financieros. En todos los casos, la realidad es monocromática.

Esa es la esencia del mundo actual, con todo y su IA, donde los dicotómicos tienen poder político y económico y buscan asfixiar la cultura y el espíritu de todos a través de las pantallas. Cautivados las 24 horas del día y de la noche mirando los móviles, informando de todo lo que hacemos y pensamos en las redes sociales, el control social cuenta con entusiasmo con la colaboración de los controlados. Los últimos, en el poder, están en las sombras; los más se ganan disfrutando de las virtualidades en Internet.

¿Cómo salir de esta distopía hecha realidad? Recuperar el diálogo con los demás, romper la adicción a las pantallas, leer libros, caminar con plena conciencia de por dónde caminamos, cultivar la amistad y meditar sobre el sentido de la vida. En definitiva: ser seres humanos.

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