han sido claros: No tienen forma de competir con los productores estadounidenses y, contrariamente a lo que se pueda creer, el arroz no se quedará a bajo precio si hay una importación masiva: una vez que desaparezca la producción local, podría aumentar a merced del precio internacional, dependiendo del tipo del dólar y los costos de importación.
La importación significaría también la quiebra de 30 mil productores y 130 fábricas que generan 300 mil empleos: en cada saco de arroz están involucradas 12 personas, según explicaron el miércoles pasado directivos de la Federación Nacional de Productores de Arroz (Fenarroz).
El Gobierno sabe que el arroz tiene un peso enorme en la economía y en la mesa: con un millón 300 mil tareas los cuales se siembran dos veces al año, se producen entre 13 a 14 millones de quintales al año, mientras que el consumo oscila entre un millón y un millón 250 mil quintales mensuales.
Los productores llevan semanas alzando la voz y las autoridades respondieron con una reunión encabezada por la vicepresidenta. Raquel Peñalo que los dejó frustrados; y otro con el ministro Oliverio Espaillaten el que decidieron apostar que el presidente Luis Abinader renegociará el DR-CAFTA.
Confiar en renegociar con Estados Unidos es vertiginoso: Donald Trump No cuenta con sus aranceles y protegerá los suyos. Aquí urge buscar fórmulas locales para proteger el arroz. Empiece ahora.


