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miércoles, octubre 21, 2026
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Lo urbano: mensaje brutal y poderoso

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el arquitecto pedro alfonsoquien fue decano de Arquitectura de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, me ha invitado a ser parte de un proyecto para llevar a los municipios a un mayor nivel de integración y funcionalidad, a una coordinación eficiente entre los centros urbanos con zonas marginales y los entornos rurales.

Como veterano de la sindicatura del Distrito Nacional y conocedor de la Liga Municipal, Alfonso ha enriquecido mi formación y experiencia académica en el tema urbano, presentándome propuestas y estudios que, con financiamiento del Gobierno y el aporte de expertos y organismos internacionales durante décadas, permanecen intactos en los archivos de nuestros más importantes ayuntamientos, sin que muchos de los actuales síndicos tengan siquiera noticias de ellos, ni funcionarios curiosos los hayan desempolvado, ni examinado siquiera superficialmente para ponerlos en ejecución.

Asistimos a casos verdaderamente espectaculares y dramáticos de desarrollo urbano acelerado, a menudo bestial, a veces bello, principalmente en nuestra capital.

“Lo urbano” También suele ser vivida y estudiada como la amenaza más grave que sufren muchos ciudadanos, urbanos y rurales, de nuestro país. No sólo el desastre del tráfico, sino también el ruido, la falta de agua potable y drenaje, la basura, los obstáculos materiales de los propios edificios y sus residuos, los objetos y vehículos abandonados, estacionados para siempre, y los enormes camiones operando en espacios demasiado estrechos para sus engorrosas operaciones de las empresas de distribución de mercancías.

Cada día se suman las innovaciones acrobáticas de los motociclistas, cuya creatividad es burla y diversión ante la indiferencia e impotencia de los uniformados para quienes estos fenómenos no existen, porque su incapacidad para actuar los ha llevado a la «imperceptibilidad absoluta».

Un amigo me explicó que “si tienes un accidente con un automovilista, tendrás un problema legal de por vida, una relación costosa con dos abogados y un automovilista y su familia a quienes tendrás que mantener por el resto de tu vida”.

Aún así, me entretengo estudiando uno de mis temas favoritos, el de la sociología y la psicología del espacio urbano, siguiendo, mentalmente, las nuevas formas en que los motociclistas infringen la ley y se burlan de la clase media, que depende de ellos para hacernos recados y traernos cosas de farmacias y pizzerías.

Vivamos esas experiencias como papillónquien, condenado a morir en una celda solitaria en la prisión de Guyana, se entretenía contando las gotas que caían del techo, y diferenciando los ruidos de insectos y roedores en absoluta oscuridad y silencio.

De igual forma, aprendamos a comprender el asombro inconsciente que posiblemente causen en muchos las grandes torres comerciales y residenciales. Donde el mensaje de poder estatal y dominación de clases sea contundente.

Conozco a muchos que han estado en Nueva York, pero sólo un familiar campesino preguntó, con absoluta incredulidad, si aquellos edificios habían sido construidos por humanos.

Nos suele pasar con la tele, con los móviles, las redes, la IA. Los utilizamos sin la más mínima preocupación por cómo están fabricados… y sin apenas detalles sobre su funcionamiento.

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