Con la alegría de los niños que buscan historias, de las familias y de los jóvenes que exploran los pabellones en busca de nuevas historias, la XXVIII Feria Internacional del Libro Llegó ayer a su último día, dejando a sus visitantes con la sensación de que el libro aún conserva un espacio importante entre los dominicanos.
Durante un recorrido realizado en horas de la mañana se observó que los pasillos comenzaron a recibir lectores que llegaban decididos a aprovechar las últimas horas para comprar ejemplares. Algunos buscaban títulos específicos; otros simplemente recorrieron los estantes con la esperanza de encontrar una historia para llevarse a casa.
Milcíades Pérez de los Santos llegó desde San Juan de la Maguana con sus dos hijos. Para él la visita no fue una casualidad. Aún tenía que cumplir una promesa familiar: llevarlos a la feria. “Ya hemos comprado varios libros y todavía estamos buscando más, porque ya somos adictos a la lectura”, dijo mientras seguía recorriendo los espacios de venta. A unos metros de distancia, otros lectores hacían sus propias búsquedas. Ramón Ulloa, vecino de Santo Domingo, llegó con un pedido particular: conseguir un diccionario y un Almanaque Mundial. No tuvo suerte, a pesar de haberlos buscado varias veces, pero eso no disminuyó su entusiasmo. Ulloa guarda libros de distintas ediciones de la feria y aprovechó la jornada para insistir en un mensaje que considera necesario: la lectura es una forma de adquirir conocimientos y sabiduría.
no todo esta perdido
La escena también contaba con rostros jóvenes. Milena Lied, de 22 años, acudió por primera vez a la Feria.
Para Lied, decir que los jóvenes no leen es una afirmación incompleta. En su opinión, las nuevas generaciones buscan otros géneros, autores y formas de narrar. “Cuando a los jóvenes les das más variedad de género, de tipo de narrativa, de autores, cuando hay más variedad, viene más gente a ver qué pueden comprar”, explicó.
Del otro lado de las estanterías, quienes viven directamente el movimiento comercial también perciben este enfoque. Oneida González, gerente de Editorial Santuario, destacó un cambio que, según observa, se repite cada vez con más fuerza: la presencia de jóvenes comprando libros. «Los jóvenes leen y están comprando libros últimamente. Se habla de que los jóvenes no leen, pero eso no es real. Tienen que venir aquí, estar aquí en la Feria del Libro para que lo vivan», dijo González.
A medida que avanzaba el día, las ventas también mantuvieron su ritmo. Perla Carrasco, vendedora del área de librerías, dijo que durante la semana el flujo de visitantes fue constante y que incluso recibieron extranjeros. Los precios eran de 300 a 500 y 800 pesos.


