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La galería de arte de la Alianza Francesa presenta una exposición que corresponde al alto nivel educativo y cultural de la institución: es una exigencia y hoy una primicia especial. Dos genios del arte comparten espacios y paredes: Pablo Picasso e Iván Tovar. Revelación, sorpresa, oportunidad, realización se unen, gracias a Fernando Báez Guerrero y su esposa Nancy Tavárez. De su fabulosa colección prestaron un conjunto gráfico excepcional: grabados de Pablo Picasso e Iván Tovar -del artista dominicano, también se incluyeron algunos dibujos-.
El título completo, señalado para tan imponente y trascendental exposición, es “Pablo Picasso e Iván Tovar, acciones morfológicas”. Una propuesta un tanto sibilina que probablemente aumentará la curiosidad. Muy acertadamente, la Alianza Francesa ha duplicado la duración, pensando en el interés y conveniencia de las visitas del público estudiantil, de la UASD, de la Escuela Nacional de Artes Visuales y de los centros educativos y culturales en general.
dos eminencias
Ahora bien, aunque se disfruta inmensamente de este evento artístico, muchos se preguntan por qué se realiza esta exposición del dúo Picasso-Tovar. No hubo relación personal entre estas dos cumbres del arte, y por supuesto generacional -cuando nació Tovar, Picasso tenía 60 años-, ni el célebre maestro asistió a una exposición de una joven prometedora, y evidentemente no expusieron juntos.
Se vinculan a menciones bibliográficas en antologías (como José Pierre) -por la importancia de ambas en el arte moderno-. De los pintores dominicanos, sólo Jaime Colson conoció a Pablo Picasso. En nuestra opinión, es la excelencia del dibujo, transmitida por la obra gráfica de ambos. Son el virtuosismo y elocuencia del trazo en ambos, con una técnica inmejorable –pronto nos ocuparemos de ese flow sublime, compartido e independiente.
Abordarlos subjetivamente no es necesario: Picasso dominó el dibujo y la pintura modernos por encima de otros artistas a escala planetaria; El talento y la producción de Iván Tovar son considerados y son los más valiosos del arte dominicano. Esta “excelencia” de ambos basta, a nivel nacional e internacional, para una presentación conjunta.
Además, tomamos en cuenta la magnitud y generosidad del coleccionista Fernando Báez Guerrero. En varias ocasiones ha trasladado temporalmente obras exquisitas de una colección, que prioriza el arte dominicano, pero que puede alcanzar la universalidad en maestros destacados como el de Pablo Picasso.
Por otra parte, esta prodigiosa exposición manifiesta el grado de estima por la Alianza Francesa y el deseo de cooperar con un “gesto” que sitúa su galería al más alto nivel. Algunas grandes colecciones dominicanas cuentan con pinturas y esculturas de Iván Tovar, pero confesamos nuestro desconocimiento respecto del privilegio de contar con obras de Pablo Picasso.
La colección Báez Tavárez cuenta con un conjunto de piezas de Picasso, considerada su máxima expresión gráfica: provienen de la Suite Vollard, y las vemos en la Alianza Francesa.
Obras maestras de la Suite Vollard
Está claro que no “reproduciremos” la historia y el contenido de la Suite Vollard: se puede consultar fácilmente en Internet y la IA (inteligencia artificial) es una buena fuente de información.
Ahora bien, Pablo Picasso conoció la Suite Vollard, que toma su nombre de Ambroise Vollard, a principios del siglo XX, y el “marchand d’art” -también escritor- le encargó un conjunto de 100 grabados, realizados entre 1933 y 1937. Fueron 300 estampas, pero casi todas estaban dispersas. Se estima que quedan unos 10 completos, conservados en museos.
Probablemente, Fernando Báez adquirió una fracción de este valiosísimo conjunto, y ahora lo exhibe en la Alianza. Picasso abordó varios temas, el último compuesto por tres grabados, siendo los retratos de Vollard.
Nos parece que el coleccionista tiene y expone quizás las obras que mayor disfrute, realidad y mito ofrecen, correspondientes a la personalidad de Picasso, su pasión por el arte y su evidente erotismo: “El taller del escultor”, “La batalla del amor”, “El Minotauro” -hombre, bestia y alter ego de Picasso-. Marie Thérèse Walter, quizás la mujer que más amaba, es captada con intensidad y curvas seductoras. Sólo una metamorfosis, el dibujo se convierte en un espejo de la vida.
Vemos entonces, grabados en una placa de metal, en técnica de aguafuerte, maravillosos dibujos anatómicos, de estilo clásico, a excepción de un rostro bellamente monstruoso.
Estos ejemplos de la Suite Vollard expresan una estética fascinante y la libertad de preservarla, ¡cuando Picasso decide no “transformarse”!
coda
Como siempre en la Galería de Arte de la Alianza Francesa, la museografía es impecable, desde el color de las paredes hasta el montaje de las pinturas, muy bien espaciadas y dispuestas, introducidas por un texto de presentación, sin falta de mobiliario y una tercera dimensión portadora de complementos expositivos. Respecto a la Suite Vollard, además de los preciosos grabados, Fernando Báez Guerrero colocó volúmenes, con hermosa edición y cubierta, es decir, una muestra de tantos libros publicados sobre el conjunto de grabados, calificado también como el más importante del arte moderno. (continuará).


