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martes, septiembre 29, 2026
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Abinader a la ONU: del letargo a la acción en Haití

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La escena del Asamblea General de las Naciones Unidas Una vez más asistimos a una afirmación que, por repetida, no pierde un ápice de validez ni de seriedad. el presidente Luis Abinader Subió al podio internacional, no para pronunciar un discurso de retórica complaciente, sino para lanzar una advertencia categórica basada en la dura realidad geopolítica que comparte nuestra isla. Su mensaje fue inequívoco: República Dominicana ha cumplido con creces su cuota de solidaridad, pero no puede, bajo ninguna circunstancia, convertirse en la válvula de escape o la solución unilateral al colapso del Estado haitiano.

La diplomacia dominicana ha pasado de la alerta preventiva a la demanda frontal. El presidente fue preciso al revelar las costuras de la respuesta multilateral. Tras la salida de las tropas de Kenia y la extinción de la Misión de Apoyo Multinacional (MSS), el Consejo de Seguridad de la ONU dio paso a la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF). Un organismo diseñado con un mandato mucho más robusto para el combate directo y la neutralización de bandas armadas que controlan el territorio vecino. Sin embargo, la brecha entre las resoluciones burocráticas en Nueva York y las operaciones reales en las calles de Puerto Príncipe sigue siendo alarmante.

La denuncia de Abinader cobra relevancia crítica ante el vencimiento del mandato del GSF el próximo 30 de septiembre. Si bien esta fuerza militar y policial tiene un tope autorizado de 5.500 efectivos, en la práctica opera con sólo una quinta parte del personal promedio, es decir, 1.100 soldados. Esta alarmante asimetría operativa fue respaldada en el mismo foro de la ONU por el primer ministro haitiano, Alix Didier Fils-Aimémostrando que el problema central ya no es de soberanía o de diagnóstico, sino de franca deserción presupuestaria y logística por parte de las potencias llamadas a cooperar.

Para República Dominicana, el fracaso o la parálisis del GSF no es un tema de debate teórico; Es una amenaza directa a la seguridad nacional. El colapso definitivo de la seguridad en Haití arrastraría hacia abajo las economías y la estabilidad de toda la región del Caribe. Por ello, el gobernante dominicano estructuró tres requisitos inapelables: el despliegue inmediato de las tropas pendientes, la aplicación rigurosa de un embargo real de armas y el estrangulamiento financiero de los promotores de las pandillas.

Al mismo tiempo, la postura interna sigue siendo inflexible. Mientras persista el letargo internacional, el Estado dominicano se ve obligado a endurecer el control migratorio, proteger la frontera inteligente y salvaguardar sus recursos. La política exterior dominicana ha fijado su posición histórica: “La solución de Haití está en Haití”

La comunidad internacional no puede seguir apostando al desgaste y cansancio del pueblo dominicano. La renovación y financiación total del Fuerza de represión de pandillas (GSF) será este fin de mes y dictará si la ONU mantiene su utilidad como garante de la paz global o si, por el contrario, abandona definitivamente a su suerte a una nación vecina, obligando a República Dominicana a aplicar medidas de estricta supervivencia soberana. El tiempo de las promesas ha pasado, es el momento de la ejecución sobre el terreno.

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