spot_img
25.9 C
Santo Domingo
martes, septiembre 29, 2026
spot_img

Migrantes dominicanos: lo que las remesas no cuentan

Deberías Leer

asistir a un Asamblea General de las Naciones Unidas Es una experiencia extraordinaria, tanto a nivel profesional como personal. Hay muchas cosas que terminan marcando a uno después de vivirlo: pisar un lugar histórico, ver en persona a tantos presidentes, compartir con colegas de otros países… Pero, para mí, una de las más interesantes y gratificantes ocurrió fuera de la sede de la ONU: conocer a los inmigrantes dominicanos en Nueva York, nuestra querida y querida diáspora.

Es una comunidad grande. Según la quinta edición del Registro Sociodemográfico del Índice, presentado en julio de 2026, la población dominicana en el exterior se estima en 3 millones 30 mil 647 personasde los cuales 2 millones 539 mil 893 residen en Estados Unidos. Estas cifras incluyen a los descendientes nacidos fuera del país.

En una de las entrevistas que hice para este periódico hablé con Hijos de Mercedes Chirenouna mujer joven e inteligente que estudió Filosofía y Ciencias Políticas. También hablé con Juan Francisco, 22 años, quien hoy estudia Ingeniería Civil. Ambos nacieron en Estados Unidos, ella de padres dominicanos y él de padre dominicano, y se sienten dominicanos.

Escucharlos me hizo pensar que la nacionalidad dominicana no siempre depende del lugar donde uno nace. Es también un sentimiento, una forma de mirar el mundo que trasciende territorios, cruza fronteras y generaciones.

En esas conversaciones también encontré inquietudes que compartimos quienes vivimos aquí. Algunos de los dominicanos con los que hablé todavía están preocupados por la inseguridad ciudadana y el alto costo de vida. Están lejos, sí, pero no son nada indiferentes a los problemas.

Es justo reconocer los esfuerzos del gobierno de Luis Abinader a favor de la diáspora. Ellos mismos me contaron sobre mejoras en los servicios consulares, en los programas e iniciativas gubernamentales, y durante esta cobertura también pude comprobar su alegría por reunirse con las autoridades dominicanas. Esa cercanía importa.

Sin embargo, parece válido y necesario preguntarnos cómo seguir fortaleciendo esa relación. Dar continuidad a estas iniciativas, escuchar sus inquietudes y lograr que sus hijos conozcan el país y se sientan parte de él son tareas que merecen una atención permanente por parte del Estado.

También es necesario mirar a esa comunidad en toda su diversidad. Hay bodegueros, taxistas y trabajadores de barberías y salones de belleza que con enorme esfuerzo han sustentado a sus familias. Pero también hay pequeños y medianos empresarios, profesionales y jóvenes nacidos en Estados Unidos que se abren camino en otros espacios. Todos ellos forman parte de una diáspora que merece ser conocida por lo que es, sin encasillarla en una sola imagen.

Porque los migrantes dominicanos no sólo pueden ser buenos enviando remesas. Juan DíazEl padre de Juan Francisco, me dijo que envía dinero y mantiene la casa materna de su esposa en Moca. Detrás de estos aportes hay una historia familiar y un vínculo que no se rompe.

He dicho antes, y he escrito aquí, que la estabilidad permite que nuestra economía crezca, aunque convertir ese crecimiento en desarrollo y reducir las desigualdades sigue siendo la principal tarea de nuestro país. Hoy pienso también en el aporte fundamental de aquellos migrantes que se levantan todos los días para trabajar y estudiar, a veces con frío, en un idioma diferente, y que comparten el fruto de ese esfuerzo con sus seres queridos. Sólo entre enero y agosto de este año, las remesas recibidas por el país ascendieron a 8 mil 432 millones 700 mil dólaressegún el Banco Central.

Sus remesas son valiosas. Pero nuestros inmigrantes dominicanos lo son mucho más.

Espero que nunca los olvidemos, porque ellos nunca nos olvidan a nosotros.

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias