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martes, septiembre 15, 2026
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El Niño pone a prueba seguridad hídrica de República Dominicana y obliga a repensar la gestión del agua

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Hoy.

República Dominicana enfrenta un escenario de creciente vulnerabilidad hídrica debido a la combinación del fenómeno de el niño y los efectos del llamado Antropoceno Tardío, realidad que, según el profesor investigador del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), Martín Meléndez Valencia.obliga al país a transformar la forma en que gestiona sus recursos naturales, diseña su infraestructura y planifica su territorio.

En la charla titulada “El fenómeno de El Niño y la seguridad hídrica: desafíos para República Dominicana ante un clima cambiante”, organizada por el Centro de Gestión Ambiental (CEGA-INTEC), Meléndez Valencia advierte que el país se encuentra en una posición particularmente vulnerable debido a su condición de pequeño Estado insular en desarrollo y su creciente inestabilidad climática.

El especialista explica que El Niño, caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial y cambios en los patrones atmosféricos, puede generar para el Caribe menos precipitaciones y temperaturas más altaspresión creciente sobre las reservas de agua, la agricultura y los sistemas de suministro.

Según Meléndez, entre las zonas dominicanas históricamente más expuestas al estrés hídrico se encuentran la Línea Noroeste, cuyas cuencas agrícolas ya operan bajo presión, y el Suroeste, particularmente la cuenca de San Juan y el Yaque del Sur, donde confluyen una alta evaporación y una importante demanda de riego.

También identifica las principales represas del país como puntos de atención, ante una posible reducción de sus aportes.

El agua como problema de seguridad nacional

Para Meléndez Valencia, el desafío va más allá de una posible sequía.

El problema central es la interacción entre un fenómeno climático y las vulnerabilidades estructurales acumuladas.

“El Niño ya no puede analizarse como una anomalía climática aislada”, afirma el docente, señalando que sus efectos pueden convertirse en un multiplicador de las crisis existentes relacionadas con las cuencas hidrográficas, la infraestructura, la agricultura y el acceso al agua.

El análisis alerta también de los efectos económicos de una reducción prolongada del disponibilidad de agua.

La agricultura en zonas como San Juan y la Línea Noroeste podría verse afectada, mientras que una menor generación hidroeléctrica aumentaría la dependencia de los combustibles fósiles importados y, con ella, los costos operativos de la economía.

Uno de los elementos más relevantes de la presentación es la propuesta de establecer un Índice de Uso de los recursos hídricoslo que nos permite determinar con mayor precisión cuánto recurso se puede extraer de ríos, embalses y acuíferos sin comprometer su sostenibilidad.

Repensar las represas y la infraestructura

El docente también propone revisar el modelo tradicional de gestión de cuencas.

En lugar de depender exclusivamente de grandes presas, propone avanzar hacia una red de pequeñas presas y microembalses escalonados que permita distribuir la capacidad de almacenamiento y responder de forma más flexible tanto a periodos de sequía como de lluvias torrenciales.

Las tablas incluidas en el estudio muestran diferentes escenarios de disponibilidad de agua para el periodo 2026-2027 y reflejar una reducción progresiva de la capacidad de los embalses bajo escenarios de déficit de precipitaciones.

El docente utiliza estos escenarios para advertir sobre la necesidad de anticipar las decisiones de gestión y no esperar a que la crisis se manifieste por completo.

Meléndez Valencia sostiene que la respuesta debe incorporar también a universidades y centros de investigación, especialmente en áreas como hidráulica, comportamiento del suelo y dinámica costera, para desarrollar soluciones de infraestructuras y materiales adaptados a las nuevas condiciones climáticas.

Pasar de reaccionar a prevenir

Como parte de sus conclusiones, el docente sugiere que República Dominicana debe abandonar la lógica del “reparación después de la catástrofe” y avanzar hacia una estrategia de resiliencia estructural y sistémica.

Entre las prioridades identifica el reordenamiento territorial, la diversificación de la matriz productiva y energética, la protección del capital natural y la gestión integral de las cuencas hidrográficas.

Además, señala que la adaptación climática no debe entenderse sólo como un desafío ambiental, sino como una cuestión de desarrollo, infraestructura, economía y equidad social.

“El futuro de República Dominicana no se medirá por su habilidad para reconstruir carreteras y malecones derribados, sino por la lucidez para someter sus políticas de inversión e infraestructura a los límites físicos del entorno insular”, concluye Meléndez Valencia.

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