Estocolmo, 13 de septiembre (EFE).- Suecia vota este domingo a partir de las 8:00 horas (6:00 GMT) en unas elecciones generales en las que la oposición de centroizquierda llega con un ligero favoritismo según las encuestas, aunque el bloque gubernamental de derecha ha acortado distancias significativamente en los últimos días.
Los sondeos sitúan al centroizquierda por delante con entre 0,5 y 5,6 puntos, cuando hace apenas dos semanas la diferencia rondaba la decena, lo que ha aumentado las especulaciones sobre un posible drama electoral como en los comicios de 2018 y 2022, en los que hubo que esperar al recuento del voto extranjero.
Más de 3,6 millones de suecos de los 8 millones llamados a las urnas ya han votado por adelantado, un 30% más que en 2022 y una cifra récord, según la Autoridad Electoral.
Postnord, la empresa pública de correos, ha aludido a este factor para justificar que en varios lugares de Estocolmo no haya podido enviar votos anticipados antes de la apertura de las urnas, lo que podría provocar retrasos en el recuento.
Seguridad, inmigración y otros temas de campaña
Cuestiones como la seguridad y el orden, la inmigración, las medidas contra la crisis inflacionaria, la salud y la educación han dominado una campaña en la que han abundado los ataques personales.
«La naturaleza, el clima… Creo que la gente no ha hablado de eso, ha habido demasiado silencio sobre el clima en la campaña. Se ha hablado demasiado de la delincuencia y de la gente que viene a Suecia», explica a Efe el pensionista Carl Söderberg, tras votar en la escuela latina Södra de la capital sueca.
Söderberg, que votó por el Partido Medioambiental, critica la entrada de Suecia en la OTAN y el apoyo militar a Ucrania y lamenta que la guerra no haya sido una cuestión electoral y «nadie habla de paz», porque «es uno de los temas más importantes».
El clima y el medio ambiente también son temas relevantes para Maja, una estudiante que dice que «ha sido difícil elegir» y que «he votado al partido que considero menos malo», aunque no quiere desvelar su voto.
Para Sebastián Calero, psicólogo colombiano que también tiene nacionalidad sueca, lo que más le preocupa es la seguridad, en relación a la violencia asociada a las bandas criminales -una de las más altas de Europa- porque si bien «esa violencia no la vas a percibir aquí (en el centro), es una realidad que no puedes ignorar».
La extrema derecha puede entrar en el gobierno
Una victoria del bloque gubernamental supondría la entrada en el Gobierno del ultraderechista Demócratas Suecos (SD), apoyado exteriormente en esta legislatura por la coalición de conservadores, liberales y democristianos, que han prometido incluirlo en un hipotético nuevo gabinete.
En el último debate televisivo de anoche, la líder de la oposición, la socialdemócrata Magdalena Andersson, reprochó esa promesa al primer ministro, Ulf Kristersson.
«Si soy primer ministro, nunca dejaré que fuerzas extremistas me lleven, eso es algo que Ulf Kristersson no puede prometer», afirmó Andersson, en cuyo bloque el Partido del Centro ha asegurado que no apoyará a ningún gobierno en el que aparezca el Partido de Izquierda, que a su vez se niega a ser sólo apoyo externo.
Andersson reiteró que está dispuesta a colaborar con todas las fuerzas excepto el SD y que no tiene «líneas rojas».
«Es una especie de delirio de grandeza, creer que se puede formar un gobierno sin mayorías, sin poder aprobar sus propias propuestas y sus presupuestos; es una receta para el caos total», le reprochó Kristersson.
La posible entrada en el gobierno del SD -segunda fuerza en las anteriores elecciones- tampoco deja indiferentes a los votantes suecos.
«Creo que sería muy malo para Suecia. Suecia entraría en declive. Miro hacia atrás, a la Suecia de la época de Olof Palme. Suecia era alguien en el mundo, ahora no es nadie», se lamenta Söderberg.
Hugo, estudiante de cine, también está preocupado por la llegada del SD al poder, «pero, al mismo tiempo, si la gente les vota, ¿qué van a hacer?».
Calero, que ha votado al Partido Liberal, cree que el resto de fuerzas del bloque gubernamental pueden «mantener a raya al SD», aunque admite su preocupación.
«Evidentemente me preocupa, de hecho lo estuvimos hablando esta mañana con la familia. Hay un peligro que existe, sin duda, hay extremos en los que se puede incurrir, pero yo soy un fiel creyente de la democracia. Es una democracia parlamentaria y las fuerzas parlamentarias van a poder contener los peligros», afirma. EFE


