La memoria histórica de la capital preserva el registro de desastres naturales a gran escala que dieron forma a su infraestructura. Entre ellos destaca el huracán San Leoncio de 1615 como uno de los eventos meteorológicos más destructivos de la época colonial.
El fenómeno azotó la isla con extremas ráfagas de viento y precipitaciones ininterrumpidas que arrasaron las rudimentarias construcciones de la época. La fuerza de la tormenta provocó el colapso de viviendas, templos y edificios administrativos de la antigua ciudad.
Las inundaciones generadas por la crecida de los ríos destruyeron los cultivos agrícolas y el ganado local de los alrededores. Esta pérdida de suministros desencadenó una profunda crisis alimentaria y económica que afectó a la población superviviente durante meses.
El ciclón también afectó a las defensas costeras de la ciudad, complicando las comunicaciones marítimas con la metrópoli española. La infraestructura portuaria quedó inhabilitada, paralizando temporalmente el intercambio comercial en la región del Caribe.
La respuesta de las autoridades coloniales a la emergencia fue lenta por la falta de recursos técnicos inmediatos. La población tuvo que recurrir a la solidaridad comunitaria y a la reconstrucción paulatina de los espacios afectados con los materiales disponibles.
El paso del huracán San Leoncio se consolidó en la historiografía nacional como un testimonio de las vulnerabilidades climáticas de Santo Domingo, sentando precedentes sobre la urgencia de fortalecer las edificaciones urbanas contra las tormentas.


