Un promedio anual de 52 niños y adolescentes entre seis y 18 años se suicidan. Motivados, sobre todo, por el abuso en el hogar, en la comunidad y en la escuela. Los estudiantes que atentaron contra sus vidas o cuyas familias se suicidaron reportaron estigma y rechazo. La situación se registra en colegios públicos y privados.
Las estadísticas oficiales muestran que la mayor conducta suicida se registra en la población de 15 a 18 años, entre 28 y 35 muertes y en esa etapa es la tercera causa de muerte. Le sigue el grupo de 10 a 14, con 15 fallecidos, pero con un mayor aumento sostenido.
Él Ministerio de Educación (Minerd) Cuenta con protocolos de abordaje, que psicólogos y docentes proponen revisar y, sobre todo, capacitar al personal para que los centros sean espacios de apoyo.
El psicólogo Rafael Román F.
«Fui a la psicóloga de la escuela y ella me dijo que la directora debía saberlo para que pudiéramos trabajar con mis familiares. De repente, siento una actitud distante por parte de los compañeros y profesores. ¿Entonces todos se enteraron sin mi consentimiento?»
“La propia profesora, durante el curso de bachillerato, me dijo que yo no era una buena influencia en el grupo. Aun así seguí allí hasta terminar el bachillerato”.
Los testimonios de estos estudiantes 14 y 16 añosson para la psicóloga escolar Fausta Recio Mejía una prueba del mal manejo de las autoridades, que degenera en un aumento de enfermedades mentales, como depresión, ansiedad y esquizofrenia. Estos trastornos afectan alrededor del 17% de los estudiantes entre 12 y 18 años.
La especialista propone grupos de apoyo integrados por la familia, el área de psicología, docentes y compañeros, para que la escuela llegue al ámbito familiar, a la comunidad, con herramientas que promuevan el respeto y la solidaridad.
De esta manera, rompería patrones dañinos y fortalecería el apoyo. Insta al Minerd a centrar su trabajo en todo el sistema, “porque actúa como si sólo fuera responsable del Estado”.
Más contundencia
el profesor de secundaria Ernesto Vantroy Ramírez Ejerce desde hace 26 años en un colegio secundario del complejo municipal Los Alcarrizos. Lamenta el aumento de los suicidios y le duele la falta de mecanismos para prevenirlos y tratar a los supervivientes.
«No hay ningún acercamiento al entorno, ni siquiera un seguimiento efectivo del propio afectado. Sólo si van directamente al consultorio de psicología lo tratan. No notamos los síntomas, en los que ya no interactúan, sus notas han bajado e incluso están desordenados», explica.
Un obstáculo que comienza en casa puede agravarse en el campus, por la falta de herramientas de la víctima, vulnerabilidad que la convierte en blanco de burlas. Otras veces, el malestar surge en el ámbito educativo y es la familia la que le resta importancia o no sabe cómo afrontarlo, porque desconoce las reglas a su favor.
El psicólogo clínico Rafael Román Feliz Es de conformidad con las células o pequeñas redes de apoyo, compuestas por actores primarios de confianza del estudiante y que la comunidad escolar también se eduque, capacite a todos los actores.
Advierte que las ordenanzas no son suficientes, porque el personal ignora que la conducta se analiza en su contexto, que el problema hay que afrontarlo con atención.
herramientas en la propia escuela.
Señales
Román Féliz insta a prestar atención a síntomas como tristeza, desinterés repentino por las clases.
«Nos hemos centrado en el bullying, que es importante y ignoramos que a veces el problema viene de casa. Un matrimonio disfuncional que lleva al niño a terapia porque entiende que está mal, pero es fruto del problema de sus padres. Luego pueden autolesionarse e intentar suicidarse».
Insiste en formar contra el suicidio y educar sobre la importancia del psicólogo en la sociedad.


