SANTO DOMINGO. República Dominicana sabe que habrá terremotos. Lo que no sabe es cuándo llegará el próximo gran sismo ni, más importante aún, cuánto resistirán sus ciudades cuando ocurra.
La ubicación geológica del país no deja espacio para la indiferencia. La isla de La Española se encuentra en una zona de interacción entre las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica y está atravesada por importantes sistemas de fallas activas, entre ellas la Septentrional, al norte, y la de Enriquillo, al sur.
La historia demuestra que la amenaza es real. Grandes terremotos han afectado el territorio dominicano y la región en diferentes momentos. La ausencia de un evento catastrófico reciente no significa que el peligro haya desaparecido. Por el contrario, los especialistas insisten en que los terremotos no pueden predecirse y que la preparación debe realizarse antes de que ocurra el próximo.
El problema no es solo el terremoto
República Dominicana cuenta con normas para el diseño y construcción de edificaciones resistentes a los movimientos sísmicos. También dispone de instituciones como el Centro de Operaciones de Emergencias, la Defensa Civil, el Sistema 9-1-1, cuerpos de bomberos y organismos militares y policiales con capacidad para responder ante una emergencia de grandes dimensiones.
Sin embargo, estar preparado para rescatar personas después de un terremoto no significa necesariamente estar preparado para resistirlo.
La principal interrogante está debajo de nuestros pies, pero también sobre nuestras cabezas: ¿qué cantidad de las edificaciones dominicanas podría soportar adecuadamente un terremoto de gran magnitud?
Una parte considerable de las viviendas del país ha sido levantada mediante procesos de construcción informal. Casas originalmente concebidas para uno o dos niveles han recibido posteriormente nuevas plantas, habitaciones, terrazas y estructuras adicionales sin que necesariamente exista un estudio que determine si las columnas, vigas y cimentaciones pueden soportar las nuevas cargas y, simultáneamente, las fuerzas provocadas por un terremoto.
A esto se agregan edificaciones antiguas construidas antes de la aplicación de las normas sísmicas modernas.
Santo Domingo concentra el riesgo
El Gran Santo Domingo representa uno de los principales desafíos.
En una superficie relativamente reducida conviven millones de personas con hospitales, escuelas, universidades, torres residenciales, centros comerciales, túneles, elevados, puentes, estaciones de combustibles, subestaciones eléctricas, acueductos, instalaciones gubernamentales y una extensa red de telecomunicaciones.
Un gran terremoto no tendría que destruir la ciudad completa para producir una emergencia nacional.
La interrupción simultánea de algunas vías principales, hospitales, redes eléctricas, telecomunicaciones y sistemas de abastecimiento de agua podría dificultar considerablemente las operaciones de rescate durante las primeras horas, precisamente cuando cada minuto resulta determinante para encontrar sobrevivientes.
Santiago enfrenta una preocupación adicional debido a su proximidad al sistema de la falla Septentrional y a la elevada concentración urbana y económica del Cibao.
¿Resistirían los hospitales?
Existe otra pregunta que pocas veces forma parte del debate público: ¿cuáles hospitales dominicanos continuarían funcionando inmediatamente después de un terremoto severo?
No basta con que un hospital permanezca parcialmente en pie. Deben funcionar sus quirófanos, plantas eléctricas, sistemas de agua, oxígeno, comunicaciones, accesos y áreas de emergencia.
Lo mismo ocurre con estaciones de bomberos, destacamentos policiales, instalaciones militares, centros del 9-1-1 y organismos responsables de dirigir las operaciones de emergencia.
Son precisamente esas instalaciones las que no pueden fallar cuando todo lo demás comienza a hacerlo.
Escuelas y edificios públicos bajo la lupa
Miles de estudiantes y empleados públicos permanecen diariamente durante varias horas dentro de edificaciones construidas en épocas distintas y bajo estándares diferentes.
La pregunta, por tanto, no debería limitarse a si existe un reglamento antisísmico.
La verdadera cuestión es otra:
¿Cuántas escuelas, hospitales, puentes, elevados y edificios públicos han sido sometidos recientemente a evaluaciones estructurales para determinar cómo responderían ante un terremoto de gran magnitud?
Y, entre aquellos que presentan vulnerabilidades, ¿cuántos han sido reforzados?
Haití dejó una advertencia demasiado cerca
El terremoto que devastó Puerto Príncipe en enero de 2010 constituye una referencia imposible de ignorar para República Dominicana.
No fue solamente la magnitud del fenómeno natural lo que produjo aquella tragedia. La vulnerabilidad de las construcciones, la elevada densidad urbana, las dificultades de acceso y el colapso de infraestructuras esenciales multiplicaron sus consecuencias.
La distancia entre Puerto Príncipe y Santo Domingo es suficientemente pequeña como para recordar que las fronteras políticas no modifican la geología de La Española.
La diferencia entre un terremoto y una catástrofe está determinada, en gran medida, por lo que una sociedad hace antes de que la tierra comience a moverse.
El país necesita saber qué puede resistir
República Dominicana ha avanzado en capacidad institucional para manejar emergencias y dispone de conocimientos técnicos y normativas que décadas atrás no existían. Pero persisten importantes vulnerabilidades relacionadas con la construcción informal, edificaciones antiguas, crecimiento urbano desordenado y fiscalización del cumplimiento de las normas.
La preparación tampoco puede reducirse a realizar simulacros.
El país necesita un inventario público y actualizado de su infraestructura crítica, acompañado de evaluaciones estructurales periódicas de hospitales, escuelas, puentes, elevados, estaciones de emergencia y edificios gubernamentales.
También necesita identificar cuáles instalaciones requieren reforzamiento y establecer prioridades de intervención antes de que sea demasiado tarde.
Porque la pregunta no es si República Dominicana volverá a sentir un terremoto fuerte.
La pregunta es qué encontrará ese terremoto cuando llegue.


