República Dominicana- julio 2026.- Un estudio actualizado del impacto económico y social de la Federación Mundial de Autocuidado (GSCF) muestra que el autocuidado responsable géneros beneficios sociales y económicos sustanciales y cuantificables en todos los contextos del sistema de salud. En concreto, la investigación estima que hasta un 50 % aprovechar más ese potencial para 2040, lo que refleja el valioso papel que desempeña esta práctica para satisfacer las aspiraciones mundiales de cobertura sanitaria universal.1
Pero ¿qué se entiende por autocuidado? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una capacidad fundamental que permite a las personas, familias y comunidades promover su salud y prevenir la aparición de enfermedades.2 Sin embargo, su valor va más allá: debe entenderse como una inversión estratégica que promueve el bienestar, la equidad y la resiliencia.3
Las intervenciones de autocuidado brindan mayor libertad de elección, acceso, control, satisfacción y opciones asequibles para abordar las necesidades de salud. Educar y capacitar a las personas para optimizar su bienestar mediante el manejo de afecciones comunes con estrategias preventivas les permite gestionar mejor su propia salud y tomar decisiones acertadas para ellos y sus familias. Este empoderamiento también puede tener un impacto positivo en la salud de toda la comunidad.
No es ningún secreto que la población mundial está envejeciendo, lo que genera una necesidad cada vez mayor de una mejor gestión de las enfermedades crónicas1 y de la responsabilidad que conlleva el cuidado de las personas mayores.
Según la Dra. Ana María Ayala, cirujana especialista en geriatría e investigadora en envejecimiento del Sealy Center on Aging de la Universidad de Texas Medical, «cuidar a una persona mayor implica también cuidar a quienes forman parte de su entorno. La salud del cuidador y la del paciente están conectadas e interrelacionadas».
Cuidar al cuidador: la pieza clave del autocuidado
El autocuidado del cuidador no es egoísmo, es una necesidad. Cuidarse y proteger su salud en cada situación es esencial para mantener una atención de calidad y mantener la fuerza para seguir apoyando a su ser querido.
“Toda la familia se ve afectada por la angustia que sufre un familiar anciano debido a los cambios que experimenta, como el deterioro de su salud. Si bien los hijos adultos pueden convertirse en una fuente de apoyo emocional, económico e incluso físico para sus padres, también pueden convertirse en un grupo de riesgo silencioso, porque están continuamente expuestos a infecciones respiratorias y otros microorganismos. Muchas veces hablamos de proteger a los mayores y olvidamos a quienes hacen posible este cuidado diario. El cuidador, ya sea un familiar o un profesional, también necesita ser cuidado”, señala el Dr. Ayala.5
A esto se suma una realidad que se ve con mucha frecuencia: el cuidado suele ir acompañado de largas jornadas, poco descanso, estrés y tendencia a posponer la propia salud. Muchos cuidadores posponen las revisiones médicas, las vacunas o incluso ignoran los síntomas porque sienten que la prioridad siempre debe ser la otra persona.6 El especialista en geriatría advierte que «el estrés crónico, la falta de sueño y el agotamiento físico pueden alterar el funcionamiento normal del sistema inmunológico. No significa directamente que la persona vaya a enfermar, pero sí puede responder menos eficientemente a una infección y recuperarse más lentamente».
Este es el caso de las enfermedades causadas por virus respiratorios, como la influenza, la COVID-19 y la enfermedad neumocócica, que tienden a afectar con especial gravedad a las personas mayores y a los niños pequeños, convirtiéndolos en los grupos de mayor riesgo y aumentando la probabilidad de complicaciones graves.5,6,7 Sin embargo, los cuidadores comparten espacios cerrados, acompañan las consultas médicas, las hospitalizaciones y, además, tienen un contacto muy estrecho con personas que por su edad o enfermedades pueden ser más susceptibles a las infecciones; de ahí que el llamado al autocuidado sea especialmente para ellos.
La inmunización es un acto fundamental de autocuidado, ya que es clave para la atención primaria de salud, un derecho humano indiscutible y una de las mejores inversiones en salud. Tal y como indica la OMS, la vacunación es una medida de prevención y control de enfermedades infecciosas. Es la base de la seguridad sanitaria mundial y una herramienta vital en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos.
El doctor Ayala destaca que “muchos desconocen que la vacunación no termina en la infancia y que, a lo largo de la vida, también es necesario recibir refuerzos e inmunizaciones según la edad y las condiciones de salud. El mensaje es claro: la vacunación es una medida de protección a lo largo de la vida y, para un cuidador, también es una forma de proteger a la persona que cuida”.
De esta manera contribuimos a la campaña de autocuidado 2026, que pone en el centro la idea de reconocer esta práctica como clave para la prevención. Prevenir enfermedades. Detectar temprano. Mejorar la calidad de vida.
El autocuidado sigue desempeñando un papel cada vez más importante en la sostenibilidad de la salud global, de ahí la importancia de considerar los siete pilares establecidos por la Global Self-Care Federation, que conducen a una mejor salud, ahorros significativos en costos de atención médica y una mayor productividad:
- Mejorar la alfabetización sanitaria.
- Fomentar el bienestar mental.
- Realizar actividad física.
- Mantener una dieta saludable.
- Evite riesgos.
- Implementar buenos hábitos de higiene.
- Hacer un uso responsable de los productos y servicios de salud.
Y a esto hay que sumarle que “cuidarse no es un acto de egoísmo sino una responsabilidad. Mantenerse sano es una de las mejores formas de proteger a quienes están a nuestro cuidado. Vacunarse es parte de ese compromiso. No sólo nos protege a nosotros, sino que también protege a la persona que más nos necesita. Ese es el mensaje más importante: vacunarse es un acto de amor, pero también de responsabilidad. Cada vacuna es una forma de decirle a la persona que cuidamos: quiero estar sano para poder seguir cuidándote”. Ésa es una de las expresiones más valiosas para quienes dependen de nosotros”, concluye el especialista en geriatría.5
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