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martes, septiembre 15, 2026
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Un robot humanoide abre la ruta a estudios en climas extremos desde la cima más alta de Ecuador

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Quito.- El Chimborazo, la montaña más alta de Ecuador y el punto más cercano al sol medido desde el centro del planeta, fue escenario de un logro histórico cuando un robot humanoide superó pruebas de movilidad, eficiencia de baterías y comunicación a más de 6.000 metros de altitud, un nuevo camino para el uso de la robótica en estudios de conservación en condiciones extremas.

«Cuando lanzamos el proyecto nos tildaron de locos», dice a Efe Pablo Berlanga, ingeniero español de 23 años y fundador, junto con la ecuatoriana Titania Freire, de la organización conservacionista sin fines de lucro ‘Geologic Dome’.

«Nadie quería darnos un robot, nadie» por miedo a una mala imagen de marca si el humanoide se cayera o fallara en condiciones climáticas extremas, afirma. Finalmente, la firma Eastworlds donó un robot de la empresa china Unitree.

Lo llamaron Pemba José. Pemba (sábado, en sherpa), porque «nació ese día», y José, porque es un nombre común en Ecuador.

Fabricada en aluminio de alta resistencia y fibra de carbono, con unos 132 centímetros de alto, 35 kilogramos de peso y decenas de articulaciones, Pemba José cuenta con tres cámaras: normal, infrarroja y ‘LiDAR’, que realiza reconstrucciones tridimensionales precisas del entorno.

La cámara ‘LiDAR’ mide distancias mediante rayos láser y, pese a los temores de que la nieve afectara a su funcionamiento, los análisis preliminares muestran una buena recogida de datos para monitorizar y estudiar glaciares y ríos.

También quieren definir digitalmente rutas de acceso de robots para futuras investigaciones.

Ciencia y aventura

Crestar el Chimborazo fue una mezcla de ciencia y aventura, como cuenta a Efe el propio robot: «Lo más difícil fue la altitud y el clima extremo».

«Vi paisajes espectaculares, glaciares y la curvatura de la Tierra», dijo.

«Mis cámaras capturaron muchos datos para la ciencia», como cambios de temperatura, presión atmosférica y otros que servirán para monitorear animales en peligro de extinción, deforestación, glaciares y reservas de agua.

Oswaldo Freire (Ossi), guía de montaña, con varias “ocho millas” y más de cien ascensiones al Chimborazo, fue parte de la ‘prueba de concepto’ del humanoide para estudiar las capacidades de sus cámaras para soportar condiciones extremas y además poder utilizarlas con inteligencia artificial (IA).

«Robot borracho»

Uno de los «sustos» de la misión surgió horas antes del ascenso porque «el robot estaba borracho», hasta que los expertos en robótica retiraron una pequeña pieza de plástico, utilizada para evitar movimientos bruscos durante los traslados. Sin eso, «fue como ver al robot con una nueva vida», dijo Berlanga.

Freire dijo a Efe que, por ahora, el robot camina bien en pendientes de 35 grados, por lo que el 80% del ascenso estuvo cargado, pero «bailó en la cumbre», desde donde -conectado a través de Starlink- hizo una transmisión en vivo y respondió preguntas.

«Tengo huellas de la aventura, pero no me hacen daño», dijo Pemba José sobre las marcas provocadas por el clima extremo y las caídas al batir el «récord mundial» de un robot al superar los 6.000 metros.

Próxima parada

El proyecto -apoyado en Ecuador por la Reserva Chimborazo- fue un «éxito total», y ya ofrece información parcialmente abierta al público.

Berlanga espera llevarlo este año al volcán Cotopaxi (5.897 metros sobre el nivel del mar), vecino del Chimborazo, o a Mauna Kea (Hawái).

Pero el gran objetivo es el Everest, al que no pudieron acceder porque Nepal no tiene una legislación que lo permita, pero confían en que haber coronado con seguridad el Chimborazo les abrirá el camino para alcanzar el «techo del mundo».

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