Santo Domingo.- Indignada, Rebeca Fiallo, ama de casa de clase media, se quejó del gasto excesivo de funcionarios y empleados públicos que comen langosta, champagne y vino, mientras mucha gente pasa hambre.
Fiallo criticó cómo una institución pública gasta 50 millones de pesos en un entrenamiento de fin de semana en un hotel de lujo, cuando antes eso se hacía en un salón de eventos y hasta sin micrófonos.
“Antes de proponernos más impuestos, el Gobierno debe demostrar cómo va a reducir su gasto”, propuso contundentemente.
Su presentación, aunque breve, recibió varios aplausos.


