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lunes, septiembre 7, 2026
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el Musical” encendió el Teatro Nacional con ritmo, sabor y ¡azúcar!

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Homenaje. El programa logró mucho más que interpretar canciones. Actriz. Lidia Ariza, figura emblemática del Teatro Dominicano, interpretó a Celia en su vejez magistralmente.

Santo Domingo.-La sala Carlos Piantini del Teatro Nacional estaba llena de vida, ritmo, historia y emoción con «Celia Cruz: The Musical», un tributo vibrante a la reina indiscutible de la salsa, la eterna guarachera del mundo: Celia Cruz. La noche fue una celebración de su legado, una gira sólida y visual de su vida, su carrera y su fello innumerable: ¡Sugar!

Desde las primeras notas de «La vida es un carnaval», el espectáculo se hizo cargo del escenario con una energía abrumadora que no disminuyó durante las más de dos horas que duró la puesta en escena. Con una selección de más de 30 temas icónicos, el público revivió las canciones que hicieron de Celia Cruz una leyenda.

Los temas
El repertorio fue un viaje musical que incluía clásicos como «dar candela», «cucala», «yerberito moderno», «bemba colorá», «guantanamera», «la negra tiene tumba», «quimbara» y «viviré», entre muchos otros. El cierre, como un círculo perfecto, fue nuevamente con «la vida es un carnaval», causando ovaciones y aplausos de pie.

Un elenco
La historia de Celia fue narrada a través de dos etapas de su vida: Yelidá Díaz dio vida a la joven Celia en sus comienzos, mientras que la actriz y cantante Lucrecia Pérez, con una impresionante similitud vocal y una interpretación conmovedora, encarnaba a la Celia adulta, logrando una conexión genuina con el público. Su voz, poderosa y emocional, logró capturar la esencia del artista cubano.

Lidia Ariza, figura emblemática del Teatro Dominicano, interpretó a Celia en su vejez, ofreciendo una mirada íntima a los momentos finales de su vida. Ramón Emilio Candelario, en el papel de Pedro Knight, su compañero eterno (su «cabeza de algodón»), contribuyó con calidez y ternura a la historia.

Producción impecable
La dirección y el guión estaban a cargo de Gonzalo Rodríguez, mientras que la dirección musical era Javier Concepción, con arreglos de Braily Ramos. La producción ejecutiva estaba en manos de Billy Hasbún, y la producción local fue dirigida por Aidita Selman, reconocida por su compromiso con el teatro de calidad. Vale la pena destacar el excelente trabajo coreográfico de Joan Matos y el grupo de bailarines de talentos, que le dieron al musical aún más vida.

Uno de los elementos más destacados fueron los cambios de los disfraces: color, brillo y teatralidad, así como las inmensas pantallas que mostraron imágenes, documentos no publicados y material de archivo de Celia Cruz, enriqueciendo la narrativa con profundidad y nostalgia.

Homenaje inolvidable
El programa logró mucho más que interpretar canciones; Reconstruyó el espíritu, la alegría, la fuerza y ​​la historia de una mujer que rompió barreras, que llevó la salsa a escenarios internacionales y que, más de 20 años después de su partida, todavía está viva en la memoria colectiva.

Memoria

– Trabajar
Celia Cruz: El musical no fue solo un concierto o una obra de teatro. Fue una celebración. Un acto de amor. Un grito al mundo que dice: la música de Celia Live, su historia inspira y su «azúcar» continúa endulzando a las generaciones.

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