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sábado, noviembre 7, 2026
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Kakistocracia en América Latina

Deberías Leer

Por Manuel Alcántara

Las formas de gobierno basadas en quienes detentan el poder son variadas y desde la antigua Grecia, en el pensamiento occidental han formado un rico conjunto de tipologías. Hoy es muy común leer sobre la democracia y su antagonista, la autocracia; otras que estuvieron vigentes durante mucho tiempo, como la aristocracia o la teocracia, quedan atrás. Quienquiera que tuviera el poder, ya fuera un individuo o un grupo, dio forma al término. la palabra se estan acortando compitió con arco de donde derivó la monarquía, la oligarquía, la anarquía.

Los tiempos actuales de democracias cansadas inmersas en sociedades cansadas están generando momentos muy peculiares que poco a poco se han ido inclinando hacia la configuración de gobiernos cuyo denominador común frecuentemente se señala como la baja calidad de sus miembros. De esta manera, corre por todas partes la idea de que buena parte de los problemas que tiene hoy la política se deben a que los actuales gobernantes son los más ineptos.

Por eso no es extraño que El economista ha seleccionado como palabra del año el término kakistocracia cuya raíz viene a definir precisamente el gobierno de los peores y menos cualificados. Un término que no se encuentra en fuentes antiguas, pero que sirve para definir el estado actual de la política en parte de países americanos y europeos. El neologismo ha saltado rápidamente a sectores de la opinión pública estadounidense y a partir de ahí empieza a generalizarse para definir la situación en otros países.

Sin embargo, categorizar a un gobernante bueno o malo o de mayor o menor calificación para ejercer la acción de gobierno es una tarea difícil de llevar a cabo. Existen tres niveles diferenciados que definen el grado de complejidad: las características específicas del contexto nacional, analizando individualmente los perfiles de las personas que desempeñan el cargo y poniendo énfasis en los resultados de su acción en el gobierno según su desempeño en diferentes áreas. Si bien deben concebirse en constante interacción, es posible realizar un ejercicio para abordar estas facetas por separado. Por tanto, estudiar estrictamente a las personas que asumen responsabilidades políticas es un camino a seguir de indudable interés.

Existen tres grupos de factores a tener en cuenta para poder determinar la idoneidad de su desempeño que se dan en este tipo de individuos. En primer lugar, hay características individuales referidas a cuestiones biológicas, otras ligadas al proceso de socialización y otras al recorrido educativo. En segundo lugar, hay que considerar la experiencia generada en la carrera previa al desempeño del cargo, tanto en el propio ámbito de la política como en la adquirida en otro ámbito profesional. Finalmente, está la actuación previa de la persona a nivel de la conjunción de la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción, basándose en la famosa distinción utilizada por Max Weber.

La integración de todo ello permite definir modelos ideales y, eventualmente, dilucidar categorías según escalas preestablecidas. De esta forma, se puede establecer el grado de mejora o, en su caso, de empeoramiento de la clase política, o de los políticos individualmente considerados, respecto de una determinada evolución temporal. ¿Son los políticos hoy mejores o peores que hace diez o veinte años dentro del mismo país? ¿Las de un país son mejores o peores comparadas con las de su vecino?

Se trata de cuestiones pertinentes en la medida en que hoy la crisis de representación, por un lado, señala a la clase política como responsable del descrédito de la política y, por otro, ha acentuado en consecuencia la presencia en la arena política de Personajes ajenos a la tradición partidista y apoyados en novedosos mecanismos de empoderamiento individualista. La descomposición del universo partidista, volátil, desideologizado y sumido en una profunda crisis de identidad, se combina con mecanismos de intermediación y participación que no existían recientemente. La sociedad digital, fragmentada e hiperindividualista, está sometida a novedosos instrumentos publicitarios que empujan al poder candidaturas personalistas sin ningún filtro.

Si el análisis se centra exclusivamente en los titulares del Poder Ejecutivo en los casos en que fueron electos, dejando de lado a los miembros de sus gabinetes o a los miembros del Poder Legislativo para referirse al actual entorno estatal estrictamente latinoamericano, la comparación pone inmediatamente en el tablero a personajes mediocres referentes al último día de las elecciones presidenciales de acuerdo con los factores que acabamos de exponer. Pedro Castillo, así como su sucesora Dina Boluarte, y Xiomara Castro se ubicarían al final de la escala por su falta de experiencia política previa y su desaliñada actitud ética. Les seguirían Rodolfo Chaves, Nayib Bukele, Javier Milei y Daniel Noboa, poseedores de un ligero bagaje de conocimientos de la actividad política antes de asumir la presidencia, y además con un pobre comportamiento ético. Daniel Ortega y Nicolás Maduro serían completamente rechazados por su absoluto abandono de estándares éticos mínimos además de su comportamiento atrabiliar.

El tema sigue siendo irrelevante ni cae en lo anecdótico porque su número representa casi la mitad de los casos latinoamericanos, aunque el hecho de limitarse a los jefes de Estado omite un análisis más detallado del resto de miembros del Ejecutivo. Este estudio, junto con el de los legisladores y otras esferas del poder, ayudaría a encontrar el grado de avance de la kakistocracia a nivel estatal latinoamericano, un problema universal al que la política de la región no es ajena.

Ahora bien, y para concluir, a los niveles del grado de complejidad antes referido se suma la valoración de la opinión pública a la hora de calificar la categorización del buen gobernante. Esto está fuertemente manipulado por técnicas de propaganda cada vez más sofisticadas que construyen historias basadas en verdades a medias, si no en versiones completamente falsas de la realidad. La desinformación y el énfasis en cuestiones emocionales en países especialmente impactados por traumas sociales como la inseguridad o la hiperinflación que generan distintas formas de violencia es el marco sobre el que se construye exitosamente la popularidad de Nayib Bukele, Javier Milei y Daniel Noboa. .

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