Por Ernesto Hernández Norzagaray
A medida que los problemas globales como el cambio climático, la inflación y las guerras empeoran, los líderes autoritarios de línea dura consolidan el poder, exacerbando las tensiones. En Europa, la extrema derecha avanza con Viktor Orbán en Hungría, Georgia Meloni en Italia y el auge de movimientos nacionalistas en Francia, Austria y Holanda entre otros. En Asia, Xi Jinping refuerza el control absoluto en China, Vladimir Putin lidera una autocracia en Rusia y gobiernos como los de Irán, India y Turquía muestran tendencias autoritarias. En EE.UU., Donald Trump y el Partido Republicano acaban de ganar las recientes elecciones presidenciales, al Senado y a la Cámara de Representantes, y en América Latina persisten sistemas autocráticos en Cuba, Nicaragua, El Salvador y Venezuela. Mientras tanto, en México el dúo AMLO-Sheinbaum amenaza con convertir el país en una nueva autocracia con una oposición a la que, con la nueva legislación, le resultará aún más difícil ganar elecciones.
Es decir, a primera vista el mundo está gobernado por el duro de la política, y eso no es una buena noticia para la humanidad. Porque estas posiciones se caracterizan no por el juego democrático de alternancias sino, internamente, por el control o modificación de las instituciones, y, externamente, por el juego de bloques, que tiene un alto componente militar. Esto explica lo que está sucediendo dramáticamente hoy en Ucrania, el Líbano y la Franja de Gaza.
Y en esta lógica autoritaria, en México un reforma del poder judicial contra la mayoría de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo que implica que los actuales miembros serán destituidos y que los próximos jueces, magistrados y ministros serán elegidos popularmente en las urnas. Éstas, además, estarán limitadas por nuevas instituciones de control de la coalición dominante.
Con esta reforma, México deja atrás un imperfecto modelo democrático pluralista que durante décadas fue capaz de autorreformarse mediante sucesivas reformas electorales y así seguir garantizando el juego democrático y la representación política plural.
Estados Unidos vs México
Pero el próximo desafío para México no está tanto dentro del país sino fuera. Y el primer punto es que Trump ha utilizado a México como parte estratégica de su campaña electoral para obtener la victoria, ratificando en su discurso triunfal ante miles de estadounidenses, la importancia de las fronteras en un mensaje claro al gobierno mexicano.
Para Trump, los republicanos y sus votantes, parte de sus problemas tienen que ver con México: la deslocalización de empresas chinas al país para luego exportar a los mercados del norte; la migración mexicana e internacional que atraviesa el país; la producción y exportación de fentanilo que se distribuye en las calles estadounidenses provocando decenas de miles de muertes, y los cárteles de la droga, a los que ven como parte de un sistema político-criminal.
En este marco, los cambios constitucionales y regulatorios en materia judicial en México muestran que el país no brinda garantías para los intereses estadounidenses. Esto pone en duda la validez del T-MEC, que será objeto de “renegociación”, no de revisión, en los próximos años. No se trata de una cuestión meramente semántica, ya que transformaría el marco comercial.
Mientras tanto, la presidenta Sheinbaum abraza la idea de que en las campañas electorales se expresan emociones para conseguir votos, pero que después de los comicios las aguas vuelven a la normalidad. Por ello, en breve se convocarían reuniones de alto nivel para limar asperezas una vez que se sigan definiendo los políticos en campaña y la política bilateral a seguir.
Esta es una opinión optimista, porque pareciera que Trump va por la enchilada completa y, seguramente, intentará hacer lo que hizo con AMLO a través de Marcelo Ebrard, doblegar a Sheinbaum con la reiterada amenaza de subir los aranceles a las importaciones si no controla. Migración, tráfico ilegal y flujos de drogas hacia Estados Unidos.
Esto hace suponer que la presión de Trump será muy fuerte, tanto en la ruta migratoria como comercial, especialmente en lo que tiene que ver con la deslocalización cercana y las inversiones chinas en México y la captura, quizás, no sólo de miembros de los cárteles sino también de narcopolíticos.
Ante este escenario adverso, pronto veremos cosas, no bilateralmente, sino en política de bloques. Y eso plantea todo tipo de conjeturas respecto de la relación entre México y Estados Unidos. En resumen, México es parte de las nuevas y duras tendencias que marcan las identidades políticas autocráticas del mundo y el sistema de bloques. Esto podría traer un futuro más incierto que el conocido hasta ahora, para el que serán necesarios operadores internacionales con mucha experiencia diplomática, más que políticos duros e ideologizados.
Puedes leer: El Papa Francisco celebra su 88 cumpleaños en medio de una apretada agenda
la publicación La época de los ‘duros’ apareció primero en Hoy Digital.


